la cimbra 6


Idas y vueltas
Autor: Carlos Puente
Director de la colección: (Luís Martínez Santamaría hasta 2015) Actualmente comité científico Fundación Arquia
Colección: la cimbra
Nº de la colección: 6
Tema: Ensayo
Año de Edición: 2009
Formato: 16 x 22 cm
Páginas: 136
Idioma: castellano
Ilustraciones: b/n
ISBN: 84-936693-3-1
Idas y vueltas

"Del 9 abril 02 al 3 diciembre 07 van cinco años y ocho meses de compilación de citas, de reflexiones y recuerdos, para sí mismo, un dietario que al decidir ofrecerlo a los demás, tantas veces, sus fascinaciones, lo venerado, se altera con las veladuras de la ironía o con las pretensiones que el ejercicio de la ingenuidad presta, y donde el sentido del humor no está ausente".
Francisco Alonso
En la hoja de una pita, al pie de la escalera que une el camino con la plataforma donde se asienta en Cabanon, alguien ha escrito con la punta de una navaja LE TEMPS N’A PLS D’IMPORTANCE. Es una herida vieja. Ya cicatrizada por el aire y la savia.

 
Carlos Puente

Nací en Bilbao el 18 de julio de 1944. Creo recordar que fui un niño feliz y un adolescente tímido. Algunas admiraciones de entonces aún permanecen; de otras me he curado.
No sé por qué decidí estudiar arquitectura, dado que me interesaba sobre todo por la literatura, por la pintura, por la música…Entre los motivos peregrinos que tal vez me trajeron a Madrid, uno de ellos sería la bondad que el clima de Castilla podía suponer para mi asma. Lo cierto es que ésta desapareció.
El azar, si es que existe, cruzó en mi camino a Alejandro de la Sota en el primer curso de Proyectos y fue entonces cuando supe por qué estaba estudiando arquitectura.
En estos años de carrera, el resto de las cosas importantes me sucedieron fuera de la Escuela.
En 1973 me dijeron que ya era arquitecto. Una presunción excesiva, a mi modo de ver. Trabajé entonces durante siete años en el estudio de don Alejandro. Más tarde supe que eso fue un privilegio. Esos años me parecieron entonces largos e inspiradores. Ahora creo que fueron cortos y felices. Compartí aquel “arresto domiciliario”, como alguien lo llamó, del maestro, y gracias a ello ignoré sin traumatismo las zozobras estilísticas que en los setenta se estaban produciendo en la calle.
Desde entonces todo ha sucedido con una rapidez que aún me tiene perplejo. No he escrito ningún libro, ni tesis doctoral. En algo menos de treinta años, he construido unas pocas obras; a ojo, diría que pueden contarse con los dedos de las manos. Pasado el tiempo, veo con satisfacción que no tengo que esconder ninguna.
Como en un milagroso palíndromo, vuelven a mí,  últimamente, con asidua intensidad, la poesía, la pintura, la música.
Creo que hacer arquitectura es sencillo. No así poder hacerla.

 
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