la cimbra 9


La ciudad es de todos
Autor: Paulo Mendes da Rocha
Traducción: Emilia Pérez Mata
Director de la colección: (Luís Martínez Santamaría hasta 2015) Actualmente comité científico Fundación Arquia
Director de la edición: José M. García del Monte
Colección: la cimbra
Nº de la colección: 9
Tema: Teoría e Historia
Año de Edición: 2011
Formato: 16 x 22
Páginas: 107
Idioma: castellano
ISBN: 978-84-939409-2-8
La ciudad es de todos

Si la proclama de que la ciudad debe ser para todos resulta necesaria es porque se olvida con frecuencia la justificación última de nuestro oficio: que la arquitectura no es sino la manifestación de un conocimiento que ha de ser solidario y generoso. La obra de Paulo Mendes da Rocha es intensa y arriesgada, tanto por su materialidad como por sus planteamientos estructurales. Pero en esta selección de entrevistas descubrimos que, para él, lo más importante no son los edificios sino la técnica en cuanto sabiduría ante la naturaleza, la observación como herramienta crítica y la inteligencia como el más sensible instrumento de análisis en torno a lo humano, la ciudad y la casa. La arquitectura viene después, pero si la ciudad no es de todos, si la arquitectura no nos lo demuestra, entonces, no es nada. José María García del Monte

 
Paulo Mendes da Rocha

Paulo Mendes da Rocha pasó su niñez entre la casa de sus abuelos maternos en la ciudad de Vitória —la capital portuaria de Espírito Santo donde nació en octubre de 1928— y la isla de Paquetá, en aguas de la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, a la sazón capital del país y lugardonde residía la familia Mendes da Rocha. En 1940, la familia del arquitecto se instaló en la ciudad de São Paulo, en cuya universidad — Universidad de São Paulo— su padre, Paulo Menezes Mendes da Rocha, había sido nombrado catedrático de Recursos Navales y Portuarios de la Escuela Politécnica, institución que Mendes da Rocha padre dirigió entre 1943 y 1947. Sin salir de São Paulo, Mendes da Rocha hijo terminó en 1954 sus estudios de arquitectura, en la Universidad Mackenzie, y empezó a labrarse una sólida carrera proyectando casas, escuelas, edificios de apartamentos, museos, muebles, escenografías teatrales y varios proyectos urbanísticos. Poco después de titularse en la universidad, Mendes da Rocha ganó el concurso nacional para la construcción del centro deportivo del Club Atlético Paulistano. Este trabajo le valió el reconocimiento del público y el gran premio de la VI Bienal de São Paulo, en 1961. En 1968, el arquitecto ganó el concurso nacional para la construcción del pabellón brasileño de la Exposición Universal de Osaka de 1970 y en 1969 viajó a esa ciudad para seguir de cerca el desarrollo de las obras. Entre otros galardones de carácter internacional, Mendes da Rocha es miembro honorario del Colegio de Arquitectos de Lisboa, ha recibido el premio de la Fundación Mies van der Rohe por su proyecto para la Pinacoteca de São Paulo y en 2000 fue elegido para representar a Brasil en la Bienal de Venecia. En 2006, recibió el Premio Pritzker. En paralelo a su trabajo en el estudio, Paulo ingresó en el mundo académico a mediados de la década de 1960 de la mano de su buen amigo Vilanova Artigas, uno de los arquitectos más destacados de Brasil. Ambos arquitectos dieron un nuevo impulso a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de São Paulo con un enfoque social y humanístico que tendría una gran influencia en las generaciones venideras de arquitectos y artistas

 
Paulo Mendes da Rocha

Paulo Mendes da Rocha pasó su niñez entre la casa de sus abuelos maternos en la ciudad de Vitória —la capital portuaria de Espírito Santo donde nació en octubre de 1928— y la isla de Paquetá, en aguas de la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, a la sazón capital del país y lugardonde residía la familia Mendes da Rocha. En 1940, la familia del arquitecto se instaló en la ciudad de São Paulo, en cuya universidad — Universidad de São Paulo— su padre, Paulo Menezes Mendes da Rocha, había sido nombrado catedrático de Recursos Navales y Portuarios de la Escuela Politécnica, institución que Mendes da Rocha padre dirigió entre 1943 y 1947. Sin salir de São Paulo, Mendes da Rocha hijo terminó en 1954 sus estudios de arquitectura, en la Universidad Mackenzie, y empezó a labrarse una sólida carrera proyectando casas, escuelas, edificios de apartamentos, museos, muebles, escenografías teatrales y varios proyectos urbanísticos. Poco después de titularse en la universidad, Mendes da Rocha ganó el concurso nacional para la construcción del centro deportivo del Club Atlético Paulistano. Este trabajo le valió el reconocimiento del público y el gran premio de la VI Bienal de São Paulo, en 1961. En 1968, el arquitecto ganó el concurso nacional para la construcción del pabellón brasileño de la Exposición Universal de Osaka de 1970 y en 1969 viajó a esa ciudad para seguir de cerca el desarrollo de las obras. Entre otros galardones de carácter internacional, Mendes da Rocha es miembro honorario del Colegio de Arquitectos de Lisboa, ha recibido el premio de la Fundación Mies van der Rohe por su proyecto para la Pinacoteca de São Paulo y en 2000 fue elegido para representar a Brasil en la Bienal de Venecia. En 2006, recibió el Premio Pritzker. En paralelo a su trabajo en el estudio, Paulo ingresó en el mundo académico a mediados de la década de 1960 de la mano de su buen amigo Vilanova Artigas, uno de los arquitectos más destacados de Brasil. Ambos arquitectos dieron un nuevo impulso a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de São Paulo con un enfoque social y humanístico que tendría una gran influencia en las generaciones venideras de arquitectos y artistas

 

Menciones en medios

“Tengo la impresión de que antes de que la ciudad se vuelva fea, son las personas las que se afean”, asegura Paulo Mendes da Rocha en La ciudad es de todos, un nuevo título de la colección La Cimbra de la Fundación Caja de Arquitectos. El título de uno de los textos que recoge la antología de escritos y entrevistas al Pritzker brasileño da nombre también al libro. Entre los escritos reunidos por José María García del Monte se repiten cuatro ideas. Son más protestas que propuestas, pero cuando se duda sobre cómo actuar es fundamental tener claro al menos qué no se debe hacer. Tal vez por eso la vehemencia de Mendes da Rocha resulte reveladora. .Contra los centros culturales: -Dejemos en paz la cultura. Lo que necesita la cultura es acceder a las escuelas y a las universidades y no esta sistemática elitización que estamos viviendo. -Ninguna ciudad puede resolverse con un museo. El supremo museo es la propia ciudad. -Se delega en la cultura la responsabilidad sobre edificios que se han abandonado, que tenían otros fines y que se pretenden transformar en centros de cultura. Sería mejor dejar la cultura en paz y responsabilizarse de los escombros de otro modo. Me parece más prometedor revitalizar esos emplazamientos creando nuevas industrias no contaminantes que la idea abstracta de un centro cultural. Nadie sabe qué diablos de cultura es esa. -Los centros culturales desvirtúan lo que es verdadero en la idea de cultura. Detrás de esos centros veo solamente una idea elitista que sirve para imposibilitar transformaciones más prometedoras de la ciudad. Contra las urbanizaciones cerradas: -Una calle de barrio exclusivamente residencial a las cinco de la tarde es una cosa horrible. Solo hay ladridos de perros detrás de los muros, portones cerrados y la calle desierta. Por lo tanto lo que el enriquecimiento produce en el sujeto explotador de la ciudad es la necesidad de abandonarla. -La mayor virtud de la escuela no está en un encerado o en una profesora, está en el hecho de ir a la escuela andando o en el metro para que se establezca la iniciación en la vida pública de ese joven. -La autovía, construida para transportar mercancías se llena de idiotas que dicen vivir en una urbanización privada. ¿Privada de qué? Es privada porque es privativa: les pertenece solo a ellos. Pero también les priva de muchas cosas, como de que el estudiante de medicina se pueda enamorar de una bailarina. Eso no sucede en una urbanización privada. Contra el consumismo: -Es imposible hablar de arquitectura sin pensar en combatir la miseria. Tenemos que combatir la competitividad exacerbada y la visión inculta del mundo que lleva a un consumismo sin propósito. -Tengo la impresión de que el futuro del mundo lo construirán los que vienen de abajo, los que comprenden las virtudes de la ciudad. Contra los perros: -La idea de la seguridad del condominio cerrado llevó a crear en la ciudad de Sao Paulo una inmensa población canina que come niños. Hace quince días, unos niños fueron devorados por perros. Los canes se están volviendo caprichosos y ya no comen cualquier cosa. Esa población canina debe de comer cada día más de lo que es necesario para alimentar a todos los niños que pasan hambre en la ciudad.

Links

http://blogs.elpais.com/del-tirador-a-la-ciudad/2012/01/-ninguna-ciudad-puede-resolverse-con-un-museo.html

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